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Sargent como estilista: el poder de sus hábitos

Fue uno de los grandes retratistas de finales del siglo XIX y de las primeras décadas del XX, lo aclamaron a ambas orillas del Atlántico y se relacionó estrechamente con los mejores artistas, escritores, actores y músicos de su época, a los que también retrató en pinturas que rara vez le fueron encargadas y en las que, por ello, John Singer Sargent mostró la vertiente más íntima y experimental, distintiva y personal, de su trabajo frente a la rigidez de los códigos de retratos más formales.

Nacido en el seno de una familia acaudalada americana que vivía en Europa desde 1854, este artista se formó en la Academia de Bellas Artes de Florencia y en París, junto a Carolus Duran. En 1879 tuvo su primer éxito importante en el Salón francés precisamente con el Retrato de Carolus Duran (hoy se conserva en el Sterling and Francine Clark Art Institute) y, en el otoño de ese año, viajó a España. Estuvo en Madrid cerca de un mes, dedicado casi exclusivamente al estudio de la obra de Velázquez, del que realizó una decena de copias en el Museo del Prado; después visitó Granada, Ronda y Sevilla antes de pasar, a fines de año, a Marruecos.

Ya en agosto de 1880 viajó, con Paul Helleu, a Haarlem para estudiar las obras de Frans Hals, otro pintor que le impresionó mucho. En los inicios de esa misma década residió por temporadas en Venecia, París, Londres y otras ciudades y, aunque no dejaría de llevar una vida itinerante, en 1886 trasladó su taller a Londres tras la reacción hostil que levantó en el Salón parisino de 1884 su conocido Retrato de Madame X; desde entonces, Inglaterra se convirtió en el centro de su actividad pictórica, alcanzando allí una extraordinaria celebridad como retratista de la alta sociedad.

La huella de Velázquez es clara en su obra, y quedó patente en un uso refinado y sutil de la pincelada, en la utilización de armonías cromáticas plateadas y la búsqueda clara de la captación de atmósferas y de la sugestión del espacio a través de la luz. Para Álvarez Lopera, el retrato de Las hijas de Edward E. Boit (1882) es “como un intento de crear unas Meninas modernas, un homenaje al maestro en el que Sargent se sirvió del mismo formato cuadrado de la pintura del Prado, utilizó la convención velazqueña del retrato como escena cotidiana captada casualmente, jugó con una estructura de grandes formas cuadradas y rectangulares para la determinación del espacio e impregnó la escena de magia gracias al juego sutil y misterioso de la luz y al recurso, también tan velazqueño, de la imagen reflejada en el espejo y la creación de espacios ficticios”.

John Singer Sargent. Lady Agnew of Lochnaw, 1892. National Galleries of Scotland

John Singer Sargent. Nonchaloir (Repose), 1911. National Gallery of Art, Washington

Han sido muchas las muestras internacionales dedicadas a los retratos de este artista; la que hasta julio le brinda la Tate Britain de Londres, y que procede del Museum of Fine Arts Boston, los explora desde una perspectiva menos transitada: la de los vínculos de Sargent con la moda, con estilismos que tenían mucho que ver con la imagen que sus modelos proyectaban al mundo. Sesenta obras forman parte del recorrido de esta exhibición, incluídos préstamos no muy conocidos y piezas tomadas de las propias colecciones de la Tate y del museo estadounidense, además de una docena de vestidos y accesorios de época, algunos de ellos presentes en estas composiciones.

A diferencia de retratistas más deseosos de satisfacer a su clientela, él no se dejaba llevar únicamente por las demandas de sus pagadores, sino que empleó la indumentaria como herramienta poderosa para referirse a la individualidad de quienes pintaba y para establecer su propia agenda estética, tomándose libertades creativas y modificando u omitiendo detalles a su conveniencia: regularmente seleccionaba o manipulaba atuendos. Un ejemplo claro es su Lady Sassoon, de 1907, que veremos en el inicio de la muestra junto a la capa de tafetán negro que la cubre para comprobar cómo Sargent tiraba, envolvía y sujetaba la tela con alfileres para agregar dramatismo al resultado, quizá como lo haría actualmente un director de arte en una sesión fotográfica de moda.

Esta exhibición aborda igualmente algunas intrahistorias, fundamentalmente las de los principales mecenas de este autor, entre ellos nobles y figuras influyentes. En los retratos que dedicó a estas élites encontraremos un reflejo de los usos estéticos e indumentarios de este momento: el de Mrs. Charles E. Inch (Louise Pomeroy), datado en 1887, se acompaña del vestido de noche de terciopelo rojo que porta la modelo; asimismo, las insignias que usó Charles Stewart, sexto marqués de Londonderry, en la coronación de Eduardo VII en 1904, se dejan ver en su pintura para mostrar cómo Sargent podía transmitir rangos y personalidades a través de accesorios.

John Singer Sargent. Madame X (Madame Pierre Gautreau), 1883–1884. The Metropolitan Museum of Art

Como dijimos, el pintor pudo tomarse aún más libertades con aquellas obras que no llevó a cabo por encargo, como la citada Madame X, imagen que brindó a Virginie Amélie Gautreau en 1883-1884, cuya realización le llevó un año y que levantó revuelo por esa hombrera de diamantes que cae de su hombro; en una versión posterior la dispuso correctamente y ambas, pertenecientes a la Tate Gallery y al Metropolitan de Nueva York, pueden verse en esta exhibición. Para adentrarnos en esos procesos creativos, podremos acercarnos a fotografías, dibujos, prendas y relatos escritos por sus modelos, incluyendo imágenes que documentan a Sargent empleándose en el retrato de Mrs Montgomery Sears, de 1899; o las distintas fases de realización del de Mrs Fiske Warren y su hija Rachel en 1903.

Su empleo, o no, de determinadas prendas desafío códigos y convenciones sociales en lo relativo a la apariencia masculina y femenina, participando de los cambios de los roles de género incipientes a fines del siglo XIX; un ejemplo claro es su pintura de Vernon Lee (1881), ese era el pseudónimo de la escritora británica Violet Paget, quien solía vestir de forma austera y casi masculina, rechazando ajustarse a las nociones convencionales de feminidad. Entre los retratos masculinos masculinos más dramáticos y poco convencionales de Sargent se encuentra el del Doctor Pozzi en la intimidad de su hogar, que llevó a cabo en 1880, en el que este cirujano y esteta, al que Julian Barnes ha dedicado una de sus últimas novelas, porta una extravagante bata roja y pantuflas turcas. También nos espera en Londres.

John Singer Sargent. Vernon Lee, 1881. Tate

John Singer Sargent. Dr. Pozzi at Home, 1881. Hammer Museum, Los Ángeles

Además de a sus mecenas, el americano llevó a sus lienzos a artistas, bailarines, actores y cantantes; su potente imagen de Ellen Terry como Lady Macbeth (1889) se exhibe junto con el vestido y la capa de la composición, al igual que La Carmencita (1890), representación de la bailarina española Carmen Dauset Moreno, que siendo muy joven actuó en salas de música de Estados Unidos, Europa y Sudamérica, se expone junto al brillante traje de satén amarillo que lleva.

The coat is the picture, dijo una vez Sargent a Graham Robertson, pintor y coleccionista al que también retrató, subrayando que, al menos en el terreno pictórico, el hábito sí puede hacer al monje.

Sargent and fashion. Tate Britain

 

 

“Sargent and fashion”

TATE BRITAIN

Millbank

Londres SW1P 4RG

Del 22 de febrero al 7 de julio de 2024

 

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