Galería Antai

Modernidad, vibrante o latente

Fundación Telefónica inició su colección de arte en la década de los ochenta, en un primer momento centrándose en figuras españolas representativas de las vanguardias (Juan Gris, Luis Fernández, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies o Picasso) y, paulatinamente, buscando hacerse con piezas de autores escasamente presentes en los museos de nuestro país. A día de hoy, forman parte de sus fondos cerca de un millar de obras de artistas españoles e internacionales (pinturas, esculturas, fotografías, trabajos en papel), que no componen un acervo con vocación enciclopédica ni lineal, sino una panorámica por algunos de los movimientos más representativos del siglo pasado; entre ellos, el cubismo es el más representado.

Esos fondos de Telefónica nutren en su mayor parte la nueva muestra temporal del Museo Carmen Thyssen malagueño, “Modernidad latente”, que se abre al público mañana, 16 de marzo, y que cuenta con sesenta pinturas de artistas españoles datadas entre los veinte y los setenta; esto es, se ha buscado plantear un recorrido por la vigencia o disolución de las promesas de modernidad surgidas en las primeras décadas del siglo XX durante la dictadura. Si el desarrollo de las vanguardias previas a la Guerra Civil quedó en buena medida clausurado desde 1936, pervivió tras el final de la contienda el afán de algunos artistas por dar forma a una figuración renovadora y, más tarde, por consolidar una abstracción acorde al informalismo europeo, dos vías de ensayo de rupturas con la tradición que son aquí examinadas (fundamentalmente la primera) prestando atención a creadores que permanecieron en España y a quienes trabajaron en el extranjero.

Juan Gris. La cantante, 1926. Colección Telefónica, depositado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

El montaje se inicia con formulaciones de un cubismo avanzado a cargo de Picasso, Gris o María Blanchard para continuar repasando las posibilidades plásticas exploradas en París por Francisco Bores, Pancho Cossío, Joaquín Peinado, Hernando Viñes e Ismael González de la Serna, a medio camino entre la figuración lírica y el neocubismo. En la capital francesa se unirían a este grupo otros artistas a partir de 1939.

María Blanchard. Naturaleza muerta cubista, hacia 1919. Colección Telefónica, depositado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Pablo Picasso. Naturaleza muerta, 1944. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

El poso de su labor se dejaría notar entre quienes decidieron quedarse en España, que en su mayoría se aproximaron en aquellos años a la corriente europea, realista, de retorno al orden, aunque hubo no pocos caminos paralelos, como los que representaron Gutiérrez Solana y su atención a lo grotesco; Benjamín Palencia, que bebió de la poética del paisaje castellano propia de la Generación del 98; o Vázquez Díaz, también gran paisajista y cercano al mencionado neocubismo. Atendiendo a su evolución podemos apreciar cómo la figuración con propósito renovador transitó desde la audacia previa a la guerra al ensimismamiento y las atmósferas de silencio posteriores.

Desde los cuarenta, géneros tradicionales, como el citado paisaje o la naturaleza muerta, se convirtieron en los más propicios para la evasión del academicismo. En el Thyssen malagueño se han recogido iniciativas plásticas individuales que no respondían al gusto mayoritario, pero tampoco se alejaban de forma demasiado rupturista de él (las de Díaz-Caneja o Zabaleta) y propuestas más cercanas a las vanguardias de los veinte y treinta por parte de autores que permanecían en París o se encontraban en España -a los nombres ya citados de Viñes, Cossío o Bores, podemos sumar el del surrealista Óscar Domínguez-.

Capítulo especial merecen en esta exhibición los miembros de la Escuela de Vallecas, que aunaron lo popular y lo onírico, buscando una identidad para el arte español que lo acercara a la modernidad cosmopolita sin desapegarse de lo agrario. Benjamín Palencia fue su figura fundamental y él mismo pondría las bases de la posterior Escuela de Madrid, de la que formaron parte Menchu Gal, Martínez Novillo o Ángeles San José, presentes en el Palacio de Villalón. En otras formas de paisajismo se adentrarían Godofredo Ortega Muñoz o José Beulas.

En los últimos compases de esta exposición contemplaremos los paisajes urbanos no exentos de nostalgia de Antonio López y Carmen Laffón, contemporáneos a las migraciones a las ciudades de los cincuenta y sesenta.

Godofredo Ortega Muñoz. Alcornoques, 1970. Colección Telefónica

 

 

“Modernidad latente. Vanguardistas y renovadores en la figuración española (1920-1970). Colección Telefónica”

MUSEO CARMEN THYSSEN

C/Compañía, 10

Málaga

Del 16 de marzo al 8 de septiembre de 2024

 

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