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Olga de Soto, última fisura en el Museo Reina Sofía

Tras cerca de una década de andadura presentando proyectos de obra nueva que entablaban diferentes formas de relación con las colecciones del Museo Reina Sofía, este centro se despide del programa Fisuras. Lo hace de la mano de la coreógrafa, bailarina, investigadora y docente Olga de Soto, una artista valenciana que reside en Bruselas y que ha dedicado su carrera, desarrollada en buena medida en el extranjero, a analizar la historia de la danza y la de su percepción por parte del público, sola o en colaboración con figuras como Michèle Anne De Mey, Pierre Droulers, Boris Charmatzm y Jérôme Bel.

El trabajo que ha llevado al MNCARS, “Reconstrucción de una danza macabra”, que puede verse en el Espacio 1 del Edificio Sabatini, contiene los frutos de su investigación en torno a la coreografía La mesa verde (1932) del alemán Kurt Jooss, una pieza considerada esencial para esta disciplina en el siglo XX y estrechamente relacionada con el contexto histórico en que fue creada: ideada en el periodo de entreguerras, se estrenó en París mientras se hacía evidente el ascenso del nazismo y toma, frente a él, postura; la del antibelicismo.

Jooss, que en aquel momento era maestro de danza en el teatro de ópera de Essen, se sirvió como punto de partida para su obra, por un lado, de las danzas macabras del medievo, y por otro, de los textos políticos contemporáneos de Kurt Tucholsky y Carl von Ossietzky en los que ambos periodistas y escritores (el segundo llegó a permanecer tres años en un campo de concentración y obtuvo el Nobel de la Paz) alertaban de las consecuencias de la implantación del nacionalsocialismo para Alemania y para la democracia.

Ballets Jooss, bailarines ensayando. Open Air Theatre, Dartington Hall. © Charles E. Brown

La buena acogida de La mesa verde, que logró un éxito importante a nivel internacional, no impidió que Jooss y su compañía, de la que formaban parte profesionales judíos, tuvieran que exiliarse a raíz de las leyes antisemitas de Hitler: se trasladarían a Inglaterra, en 1934. En 1941 dicha compañía se disolvería, pero esta coreografía ha sido representada en numerosas ocasiones alrededor del mundo y De Soto ha querido profundizar en el poso que deja en quienes la contemplan y en los bailarines que la interpretan: ha reunido algunos de los testimonios de espectadores y danzantes en un archivo visual, de cerca de 67 horas de duración, en el que han participado personas de seis países (en cuatro lenguas).

Emprendió esta obra hace década y media, y en el Reina Sofía nos la presenta estructurada en una recopilación de los materiales a los que ha dado lugar su investigación en esos años, un mediometraje y una pieza sonora inmersiva, estas últimas propuestas de nueva creación, concebidas para Fisuras. El archivo generado no resulta meramente documental, sino que ha adquirido, ya desde sus inicios, una dimensión performativa: en 2010 estrenó De Soto Une Introduction, una presentación escénica en la que los cuerpos de los entrevistados, los bailarines que aparecían en las fotografías de las representaciones de La mesa verde y el de la propia autora se encadenaban en un juego de ausencias y presencias.

Ensayos de La mesa verde, 1964. Fotografía: Ger J. van Leeuwen

No de forma explícita, pero sí soterrada, se esbozaban ya entonces cuestiones, que quedan reformuladas en esta Reconstrucción de una danza macabra, en torno a las posibilidades de preservación de una actuación escenográfica en el tiempo y sus huellas, si el archivo de la danza se encuentra en mayor o menor medida en los documentos o en los cuerpos, o quién decide qué performances y acciones han de trascender y cuáles no y por qué.

Las reflexiones de Olga de Soto, en este y otros proyectos, van más allá, por tanto, de las implicaciones de lo coreográfico: le interesan la memoria oral y la corporal y, como en este caso, las posibilidades de traducir lo escénico al espacio expositivo. Esa fue la razón de que, en 2000, abandonará el ejercicio de la danza en un sentido estricto para emprender proyectos en los que el cuerpo se convierte en instrumento sonoro y el espacio físico, en símbolo del espacio mental (la voz en poso y el gesto, en vehículo perceptivo). Uno de ellos es este, aquí comisariado por Lola Hinojosa.

Olga de Soto. Reconstrucción de una danza macabra. Museo Reina Sofía

 

Olga de Soto. Reconstrucción de una danza macabra. En la imagen, Christian Holder

 

 

Olga de Soto. “Reconstrucción de una danza macabra”

MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS

c/ Santa Isabel, 52

Madrid

Del 27 de febrero al 1 de julio de 2024

 

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