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Lynda Benglis, fuentes para las formas libres

Formas libres, orgánicas, abstractas y casi juguetonas pueblan desde los sesenta la obra de Lynda Benglis, que inició su trayectoria en la época de auge del movimiento posminimalista, marcando ya el rumbo de sus pasos en años posteriores: trató de llevar las convenciones de la pintura y la escultura en aquel momento a nuevos territorios. Comenzó trabajando con capas de cera de abejas pigmentada y resina, que más tarde cepillaba, para después utilizar el soplete como pincel, manipular colores sobre superficies marmóreas o emplear como soporte paneles de masonita en forma de rombo.

El impulso de ver sus formas fluir más allá de las fronteras de las superficies habituales llevó a esta artista, nacida en 1941 en Lake Charles (Louisiana), a verter látex pigmentado directamente sobre el suelo, permitiendo que la gravedad y la energía de su propio cuerpo al derramarlo dejaran huella azarosa en sus composiciones, conforme a procesos que se han comparado por eso a los de Jackson Pollock, sobre todo desde que la revista Life la mostrara, en su edición del 27 de febrero de 1970, en plena acción.

En esa misma etapa temprana empezó a utilizar espuma de poliuretano pigmentada para construir volúmenes de esculturas verticales cuyas formas remitían a la de la lava a medida que se expande en las faldas de un volcán: sus contornos parecían rezumar material sobre las paredes. Para garantizar que pudieran sostenerse recurría a veces a armaduras de alambre que posteriormente retiraba, cuando la espuma se había solidificado; no resulta difícil contemplarlas como tótems. Sobre ellas continuaría trabajando en los años siguientes, ideando estructuras largas y cilíndricas con mallas nuevamente de alambre, algodón y yeso que, desde 1972, comenzó a configurar como nudos, pintándolas con brillo metálico o capas de aluminio, cobre, zinc o estaño vaporizado y rociado. Por los reflejos de sus superficies, se sitúan a medio camino entre la escultura y la pintura y su retorcimiento parece aludir a la potencia corporal que la realización de cada una de estas piezas requería por parte de Benglis.

También en los inicios de los setenta, en una fase temprana del desarrollo del videoarte como disciplina, llevó a cabo audiovisuales experimentales en los que, a través de performances y de la tecnología, exploraba asuntos como las implicaciones de la presencia física, la sexualidad, el narcisismo o la identidad de género; en algunas ocasiones usó su propia imagen (el desnudo Centrefold, en Artforum) reclamando su autonomía en el panorama expositivo y en el mercado.

Ya en 1984 daría un paso más en su acercamiento a disciplinas que escapaban de las dos dimensiones: utilizó por primera vez el agua como elemento escultórico, junto al bronce fundido, al diseñar una fuente para la Exposición Mundial de Louisiana que ese año tuvo lugar en Nueva Orleans. Se llamó The Wave of the World y fue la primera de muchas, entre ellas Chimera (1988) y Double Fountain, Mother and Child, For Anand (2007), esta última instalada originalmente en Le Jardin Botanique de Dijon. North South East West (2009), por su parte, se exhibió inicialmente en el Museo Irlandés de Arte Moderno de Dublín. La fluidez que transmiten estas obras se multiplica, porque no solo reside en sus formas físicas o en sus temática, sino en el movimiento del líquido, que genera una experiencia sensorial distinta a la suscitada por sus trabajos anteriores.

Lynda Benglis. Banca March

Cuatro de esas fuentes pueden contemplarse, durante dos días a la semana y hasta finales de junio, en los jardines de la Banca March en Madrid, en el marco de la primera exhibición de la americana en España, que se anticipa a la celebración en 2026 del centenario de esta institución. Aunque comenzara a trabajar en ellas avanzada su trayectoria, ha explicado que desde muy pronto fue para ella un deseo incorporar dinamismo a sus obras por esa vía acuática y que el propio fluir de este elemento sobre una superficie tiene relación con su proceder más conocido: Siempre quise hacer fuentes. Haberme criado en un lago, cerca del agua, fue lo que me llevó a querer trabajar con ella y con su movimiento (…) El agua fluye sobre ellas y a su alrededor. Son como erupciones que brotan de la tierra, y el agua articula ese carácter explosivo. Esto es algo que se siente en el cuerpo, la succión de la gravedad. Siempre he sido muy consciente de ello, y se manifiesta en mi trabajo, probablemente en todo mi trabajo, de una forma u otra. También ha afirmado que, si pensamos en cada una de sus obras como un cuerpo, ese cuerpo siempre está en movimiento.

Lynda Benglis. Crescendo. Cortesía de la artista, Banca March, Xavier Hufkens Gallery y Pace Gallery. © Fotografía: Juan de Sande

La primera de las piezas que han llegado a Madrid es heredera de The Wave of the World: aquella fuente primera se perdió de vista durante unos meses, hasta que fue encontrada en una antigua planta de tratamiento de aguas residuales en Kenner; su estado obligó a restaurarla y la artista se encargó de ello, dando lugar su modificación a Crescendo, la obra en Banca March. Se trata de un megalito que puede parecernos semejante a un objeto animado: la captación, quizá definitiva en la autora, de un instante efímero en un diseño sólido.

Lynda Benglis. Knight Mer. Cortesía de la artista, Banca March, Xavier Hufkens Gallery y Pace Gallery. © Fotografía: Juan de Sande

El resto de las esculturas expuestas son más recientes: Knight Mer la realizó entre 2007 y 2022, tiene un formato más pequeño y sus formas recuerdan las de los crustáceos que habitaban los pantanos que Benglis conoció en su Louisiana natal, caballeros marinos emergentes; Bounty, Amber Waves y Fruited Plane (2021) son tres columnas, de casi ocho metros de altura, compuestas por apilaciones de vasos cónicos por los que transita el agua y que remiten a la abundancia de la naturaleza en su país; y Pink Lady (2014), la única fuente de las tres elaborada en poliuretano de color rosa muy vivo, evoca por sus rugosidades las acumulaciones de barro y arena que los cangrejos y otros animales expulsan en las orillas de los mares. Esos montones parece que siempre han sido para ella una inspiración: Los agujeros que hacían los cangrejos eran muy importantes para mí (…) Al observar las aguas de las riadas, veía como extraían el barro y dejaban unos grandes agujeros, a veces de treinta centímetros de alto, cubiertos de barro burbujeante. Tenían textura, era algo muy romántico.

Lynda Benglis. Pink Lady. Cortesía de la artista, Banca March, Xavier Hufkens Gallery y Pace Gallery. © Fotografía: Juan de Sande

Lynda Benglis. Bounty, Amber Waves, Fruited Plane. Cortesía de la artista, Banca March, Xavier Hufkens Gallery y Pace Gallery. © Fotografía: Juan de Sande

 

 

“Lynda Benglis. Fuentes”

BANCA MARCH. JARDINES

C/ Castelló, 75

Madrid

Del 8 de marzo al 29 de junio de 2024

Viernes y sábados, de 12:00 a 19:00 horas

Primer jueves de cada mes, de 18:00 a 21:00 horas

 

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